Puedo empezar (o seguir o terminar) siendo una boca sonriente, una cabeza de perro, una mano enjoyada.
Puedo empezar ( o seguir o terminar) siendo un malevo, un payaso, una prostituta. Si ni tuviera yo tanta resistencia a montarme en las modas, me sentiría tentada a recordar a Delluze. Los personajes de Gregorio se pliegan y se despliegan en un automatismo ( casi lo aseguraría) conformando un mundo, que me sugiere la palabra humanológico zoológico de humanos animalizados y animales humanizados).
Caballos que emprenden una carrera y se arrepienten, retroceden. Mujeres cronificadas en su inocente impudicia. Parece un relato de los márgenes, a primera vista, pero se trata de la comedia humana anecdóticamente coloreada. Digo anecdóticamente porque aquí la vedette es el dibujo; el dibujo insistente, invasivo, barroco. Y así las líneas fluyen como si el artista no pudiera hacer otra cosa que hacerlas nacer y en el mismo instante, ponerlas en libertad.

Ana M. Rico
Prof. de Historia del Arte
Facultad de Humanidades y Arte- U.N.R
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